lunes, 23 de octubre de 2017

Naturaleza primordial

Todas las filosofías son autobiográficas.
Con el paso de los años la tierra tira
con más y más fuerza
de los cuerpos hacia dentro,
cada vez pesan más las piedras
que no arrojamos al río
y el mismo lodo que nos devora
nos vuelve a vomitar
una y otra vez.

Hay que extinguirse antes de vivir.

Cada amanecer un nuevo parto
el cordón umbilical enrollado alrededor del cuello
amordazada la yugular, no así el espíritu,
como esa gente que camina como un disparo
calle abajo entre personas y coches
sin jamás mirar atrás.

Todos los gatos son bellos
como los pelos que no se pueden peinar.
Nadie recordará el momento 
que no provocó un incendio
ni el grito de dolor ahogado en la almohada
para que no te oiga nadie,
nadie más que tú.

Y ahí, en esa sepultura viscoelástica 
que siempre guardará tu olor
te abres a cuchillo del cuello al ombligo
y extraes con cuidado de manos de rata
tus entrañas y vísceras, tus órganos,
meciéndolos aun calientes entre tus piernas
limpiándolos para colocarlos de nuevo
y sellar tu cuerpo con una sola palabra

Respeto.

Aprendiste la forma de arrancarte los huesos
y a relacionarte con delicadeza,
ahora bailarás desencadenadx el viaje nocturno 
de las hienas que se lamen las córneas.
Una explosión de eternidad.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

уважение

En mí germinan todas las malas ideas.
En mi carne consumida por el insomnio
hierven vapores fríos
que supuran los venenos
que habrían de acabar conmigo.

No quiero olvidar este dolor.

Ojalá encontrar el modo de revelar
el estremecimiento y la furia de los muertos
que hiciese crujir los dientes al ritmo fúnebre
del corazón de todos los vivos.

Tanto esfuerzo para no llegar a ser
ni medio normal.

No tengo ningún lugar al que volver,
nadie recordará el rayo
que no provoca un incendio
ni al tipo aquel tan majo
que nunca se metió en problemas.

Vivir es un testimonio sangrante,
un instante, apenas un murmullo.
Tal vez logren apagar algún fuego
pero jamás vencerán
mientras ardamos eternamente.

sábado, 5 de agosto de 2017

meyvə bağı

Las tardes tienen esa vieja luz de incendio tranquilo,
atesoran el secreto del quiebre de los días,
el principio del fin inclinado
hacia los guardianes de la inmensa
y sagrada oscuridad.

Las manos enmudecen las palabras
y tal vez por eso plantar
sea el único homenaje
cuando todo es tan absurdo
como el hostigamiento a los perros mil leches
cancerberos de nuestra ciudad.

Puede que esté equivocado como siempre
pero las experiencias desvelan verdades
que por tantas mediaciones
nos cuestan interpretar.

El huerto alumbra a quien sin relojes
se ocupa desentrañado
a esa venerable fatalidad,
y ya sólo de ese rito iniciático
de verbos de vida y muerte impronunciables
acepta su autoridad.

Mis tomates se han secado
no por falta de atención,
acariciaba sus hojas y los regaba a diario
como si fuesen hijos tontos.
Luego falté algunos días,
cuando yo me faltaba a mi también,
y tras mi ausencia vino su muerte
ahora sé que no los supe entender.

Riega los tomates
pero no demasiado,
déjales también pelear.
No subestimes a nadie ni a nada,
de la escasez nacen guerreras
o se sucumbe sin piedad.

Las malas hierbas sobreviven
pero yo no les veo maldad,
no confundo valores morales
con planes de productividad.
No hay amor sin respeto,
ni apoyo sin espacios donde fraguar
con tus manos tus armas,
gracias hermanas.
volverán a disparar.

Del odio prefiero ya no hablar.
Si te odiase debería matarte,
otro tema,
ahora prefiero cultivar.